Viaja desde Santiago por viñedos hasta las colinas pintadas de Valparaíso con guía local, pasea por sus escaleras y arte callejero, y respira el aire del mar en Viña del Mar mientras ves lobos marinos en Reñaca. Momentos vivos y sabores auténticos en la costa chilena.
Salimos de Santiago antes de que terminara mi café, las ventanas se empañaban un poco con el murmullo somnoliento de todos. El viaje hacia el oeste fue como ir descubriendo poco a poco: los viñedos del Valle de Casablanca pasaban ordenados, y recuerdo a nuestra guía Camila señalando cuáles tenían el mejor Sauvignon Blanc. Paramos en un lugar llamado Loja Rio Tinto para desayunar rápido (no incluido, pero yo solo necesitaba café), y afuera había llamas. Intenté hacerme un selfie con una, pero le interesaba más mi sándwich. Ese olor, como a hierba dulce, se me quedó pegado en la chaqueta cuando volvimos al bus.
Valparaíso me golpeó con un estallido de color después de tanto verde. Camila nos llevó por calles estrechas donde los murales trepaban por muros desgastados—unos políticos, otros con formas salvajes—y nos contó sobre los artistas que los hicieron. Bajamos por escaleras empinadas en Cerro Alegre y Bellavista, pasando por cafés diminutos con menús escritos a mano y viejos jugando a las cartas en las puertas abiertas. Hubo un momento en la Plaza Sotomayor donde todo se quedó en silencio, salvo las gaviotas volando y alguien vendiendo empanadas cerca (me compré una; masa hojaldrada, queso tibio, perfecta). No esperaba sentir tanto solo estando ahí.
Después seguimos la costa hasta Viña del Mar—la “Ciudad Jardín,” aunque lo que más noté fue cómo el aire del mar lo cambia todo. El famoso Reloj de Flores brillaba casi demasiado contra el césped. En la playa de Reñaca vimos lobos marinos descansando como si fueran dueños del lugar. Unos niños se reían de sus ladridos—uno intentó imitarlos y todos soltaron risas. Nuestra guía nos contó la historia de estas ciudades, pero fueron esos pequeños detalles los que se quedaron: la sal en mis labios por la brisa, la arena en los zapatos, la gente saludando al pasar. El día fue un caos perfecto en todos los sentidos.
El trayecto dura unos 90 minutos hacia el oeste desde Santiago hasta Valparaíso.
Sí, la recogida está incluida para quienes se alojan en Santiago.
No, las comidas no están incluidas; puedes comprar desayuno en la parada en Loja Rio Tinto.
Sí, el tour cubre las zonas históricas de Valparaíso y los principales atractivos de Viña del Mar.
Sí, los bebés pueden ir en cochecito o en el regazo de un adulto.
El tour es adecuado para la mayoría, pero no se recomienda para quienes tengan problemas de movilidad importantes.
Visitarás Plaza Sotomayor, Cerro Alegre, Cerro Bellavista, Reloj de Flores, Playa Reñaca y más.
Sí, contarás con un guía local durante toda la excursión.
Tu día incluye recogida en tu hotel en Santiago en un vehículo con aire acondicionado y seguro para pasajeros; un guía local te acompañará durante las paradas en los barrios coloridos de Valparaíso y los atractivos costeros de Viña del Mar antes de regresar a Santiago por la tarde.
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