Recorrerás los paisajes más salvajes de Islandia en grupo pequeño: caminarás detrás de cascadas en el Círculo Dorado, harás senderismo por glaciares cerca de la laguna Jokulsarlon, te relajarás en los baños naturales de Mývatn (opcional) y avistarás ballenas en Dalvik. Conversaciones reales con locales, desayunos en hoteles cada mañana y más ovejas de las que imaginas. No es solo tachar lugares, es sentir Islandia en la piel.
Salimos de Reikiavik con esa luz azul temprana, esa que te hace sentir que te escapas antes de que el mundo despierte. Nuestra guía, Sigrún, señalaba con calma desde el volante: primero los musgos que cubrían Thingvellir, luego el vapor que brotaba de Geysir. Recuerdo el estruendo de Gullfoss, tan fuerte que casi vibraba en el pecho. El aire tenía un leve olor metálico cerca de las cascadas, y mis guantes ya estaban húmedos en Seljalandsfoss, pero no me importó. Caminar detrás de esa cortina de agua era como entrar en un cuarto secreto.
Al día siguiente todo fue hielo. Nos pusimos crampones para una corta caminata por el glaciar Vatnajokull con Jónas al frente, que revisaba las botas de todos como un padre nervioso. En la laguna glaciar Jokulsarlon me quedé mirando boquiabierto los témpanos azulados flotando junto a las focas. El viento de la Playa Diamante me picaba la cara, pero luego el café en la casa de huéspedes supo aún mejor. Los fiordos del este eran más tranquilos: carreteras serpenteantes, ovejas por todas partes (de verdad que se pasean solas) y el pueblo pesquero Djupivogur, donde probamos un pescado seco que aún no sé si me gustó.
Después de un día largo entre campos de lava y aguas termales, llegamos a los baños naturales de Mývatn —el agua lechosa estaba tan caliente que olvidé que mis dedos llevaban congelados desde Akureyri. Alguien dijo que se huele el azufre antes de ver las piscinas; no mentían. Las risas rebotaban en las rocas y el vapor subía hacia ese cielo norteño infinito. El avistamiento de ballenas en Dalvik fue mejor de lo esperado: una jorobada apareció justo al lado del barco y todos nos quedamos en silencio un momento. Hasta la guía sonrió como un niño.
Cuando volvimos hacia Borgarnes y la península de Snæfellsnes, perdí la noción del tiempo —mezclaba qué cascada o cráter habíamos visto primero. Pero Reykholt se sentía distinto: historias antiguas pegadas a las piedras, Sigrún contándonos sobre Snorri Sturluson mientras mirábamos su piscina ancestral (seguro pronuncié todo mal). El monte Kirkjufell parecía irreal bajo las nubes bajas. Es curioso cómo siete días pueden estirarse y encogerse a la vez —aún recuerdo estar de pie en la arena negra con el viento frío en la cara.
Es un tour de 7 días que recorre la ruta circular de Islandia.
Sí, hay una corta caminata por el glaciar Vatnajokull con guía certificado; se proporcionan crampones.
No, la entrada a los baños naturales de Mývatn no está incluida, pero se puede añadir como extra tras reservar.
Se incluye desayuno cada mañana en el alojamiento.
Sí, hay recogida por la mañana en Reikiavik al inicio del viaje.
La opción estándar incluye habitaciones compartidas; los viajeros solos pueden mejorar a habitación individual con un coste extra.
La edad mínima es de 8 años.
El tour es apto para todos los niveles físicos, pero se necesitan botas de montaña resistentes para la caminata por el glaciar.
Tu semana incluye desayunos diarios en hotel, seis noches de alojamiento alrededor de la ruta circular (habitación compartida salvo mejora), transporte en grupo pequeño con Wi-Fi gratis a bordo, recogida en Reikiavik el primer día y todas las paradas previstas desde cascadas hasta pueblos pesqueros —con guías locales expertos que lideran las caminatas y cuentan historias. El equipo para la caminata por el glaciar está incluido; extras opcionales como los baños de Mývatn se pueden añadir tras reservar.
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