Disfruta de las pozas termales en los acantilados de Tolantongo, navega en un río turquesa, comparte un almuerzo junto al agua y explora grutas cálidas con un guía local, todo con transporte privado desde San Miguel de Allende. Risas entre rocas, comida casera y una experiencia que querrás llevar contigo.
Había oído hablar de Tolantongo antes, pero la verdad es que no entendía el revuelo hasta que tuve los pies colgando en una de esas pozas junto al acantilado. Salimos temprano de San Miguel, aún medio dormidos, y nuestro guía, Arturo, nos entregó unas mochilitas con toallas y botellas de agua. Había una emoción tranquila en la van mientras cruzábamos Tequisquiapan para desayunar (los chilaquiles superaron mis expectativas). Alguien preguntó si el río era realmente tan azul. Arturo sonrió y dijo: “Espera a que lo veas.”
El aire cambió cuando por fin llegamos a Tolantongo: más cálido, casi dulce, con olor a minerales o tal vez solo a aire de montaña. Lo primero que hicimos fue meternos en los “pocitos” calientes tallados en la roca. Es difícil explicar lo bien que se siente eso después de horas de camino. Se escuchaban risas rebotando en los acantilados y olía a bloqueador solar y tierra mojada por todos lados. Intenté lanzarme en tirolesa hasta el río (no está incluido, pero vale la pena por la vista), aunque la mayor parte del tiempo solo floté en esas aguas turquesa mientras Arturo nos señalaba dónde brotan los manantiales calientes bajo nuestros pies.
La comida fue un picnic junto a la orilla del río: nada sofisticado, solo mesas y sillas lo suficientemente cerca para meter los pies mientras comíamos. La comida venía de un lugar local (yo pedí vegetariano; mi amigo probó algo con nopal) y sabía como hecha por la abuela. Después nos fuimos a las grutas detrás de esas cascadas que siempre ves en las fotos. Dentro se escuchaba fuerte el agua golpeando la piedra y estaba oscuro, salvo por nuestras linternas frontales. Recuerdo tocar las paredes de la cueva: lisas y cálidas por toda el agua que corre. Arturo nos contó de dónde viene el nombre Tolantongo: el lugar donde el agua caliente brota directo de la tierra.
Ya por la tarde estaba cansado, pero de esos cansancios buenos: la piel arrugada de tanto rato en el agua, el cabello con un leve aroma a minerales. De regreso a San Miguel de Allende no dejaba de pensar en lo distinto que se sentía todo fuera de esas grutas: más tranquilo, como si toda esa agua corriendo hubiera limpiado algo. No sé bien qué, pero supongo que por eso la gente vuelve una y otra vez.
El trayecto dura entre 3.5 y 4 horas por tramo, incluyendo una parada para desayunar en Tequisquiapan.
El almuerzo no está incluido; se pide con anticipación en un restaurante local y se disfruta tipo picnic junto al río.
Hay opciones vegetarianas en desayuno y almuerzo; las opciones veganas son limitadas.
Te darán una mochila pequeña con lo básico: toalla, bloqueador, linterna frontal, botella de agua y bolsa para ropa mojada. Solo lleva tu traje de baño.
Sí, el transporte privado incluye recogida en San Miguel de Allende.
Esta excursión es apta para todos los niveles; puedes elegir actividades relajadas o más aventureras.
Todos los accesos están incluidos en el paquete del tour.
La visita a las grutas depende del clima; si ha llovido y no es seguro, el guía ajustará el plan para cuidar tu seguridad.
Tu día incluye transporte privado ida y vuelta desde San Miguel de Allende con recogida, desayuno buffet mexicano (con opciones vegetarianas), manta para el viaje, además de una mochila con botella de agua, toalla deportiva, bloqueador, linterna frontal para las grutas, protector para celular y más—todo acompañado por un guía local que lleva snacks extra para el regreso.
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